Himno para la fiestas en torno a Santa Clara de Asís. También puede emplearse en las exequias de una persona creyente y contemplativa.
(Música de Hna. Rosa Mª Riera, clarisa, y letra de Hno. Rufino Grández)
Vete, alma mía, segura
a la morada de Dios,
desata la ataduras
que el tiempo ya se cumplió.
¡Vete, alma mía, segura!
2. A bodas están llamando
ya el esposo se adornó;
vírgenes hacen cortejo
y vienen para esta unión.
¡Vete, alma mía, segura!
3. Traen coronas preciosas,
María de más valor.
La reina ya se ha inclinado
con su abrazo me envolvió.
¡Vete, alma mía, segura!
4. Dios te llamó de la nada
y por amor te creó,
y derramó su hermosura,
te miró y santificó.
¡Vete, alma mía, segura!
5. Como madre con su niño,
mi Dios se me enterneció.
Bendito que me creaste,
oh mi dulce creador.
¡Vete, alma mía, segura!
6. Tu hora, mi Dios, es mía,
dispuesta, mi Dios estoy:
Y eternamente soy tuya
para alabanza y amor.
¡Vete, alma mía, segura!
Fidel, como Rufino, son dos hermanos capuchinos. Fidel es el compositor, el músico, el que hace posible que nosotros cantemos la inspiración poética del hermano Rufino María.
Llega el Reino de Dios en ese rostro
que es imagen impalpable de la Esencia,
y de la ruta humana fatigosa
el remate feliz, la paz perfecta.
Viene la Parusía cuando brillas
y el más allá se alcanza en tu presencia,
que al tiempo eres origen y principio,
Dios de Dios, Luz de Luz, Alfa y Omega.
(Qué bien aquí, eternamente aquí,
contigo que eres Dios y tienes tienda
que hemos de hacer nosotros para ti,
aquí para gozar tu gloria eterna!
(Oh Luz anunciadora del secreto,
oh Viviente inmortal que te revelas,
oh deseado cuerpo de mi Dios!,
Pedro, Santiago y Juan de ti destellan.
A nadie lo digáis hasta el momento,
dejad que el Hijo como siervo muera,
y aguardad que, ya llega, ya ha estallado
la gloria que desea quien espera.
Jesús transfigurado y verdade¬ro,
saciado de dolor y de belleza,
(te bendecimos, santo, santo, santo,
y te cantamos, Dios de nuestra tierra! Amén.
Aquel hombre que asciende a la montaña
a Dios está anhelando con sed viva;
pierde su corazón allá en la fuente
donde el dolor se pierde y pacifica,
y el donde el Padre engendra al Hijo ama¬do
con el Amor que de su pecho espira.
Aquel hombre de rostro penetrante
sobre su sangre y éxodo medita;
una luz desde dentro se abre paso,
la hermosa faz más limpia que el sol brilla,
porque es el bello rostro de Jesús,
cuyos ojos los ángeles ansían.
Es el Hijo en la Nube del Espíritu,
el Amado nacido antes del día;
el Padre lo pronuncia con ternura,
con la voz de sus labios lo acaricia;
los testigos videntes de la Gloria
ebrios de amor lo adoran y se inclinan.
Pasó el fuego encendido en la montaña
y otra vez susurró la suave brisa;
y era él, ya no más transfigurado,
Jesús de Nazaret, el de María;
mas para aquel que vio la faz divina,
sin destellos la faz será la misma.
Jesús de la montaña y de la alianza
presente con gloriosa cercanía,
en el fuego sagrado de la fe
te adoramos, oh luz no consumida;
traspasa tu blancura incandescente
a tu esposa que en ti se glorifica. Amén
Acecha el Tentador y se desliza
con la divina voz de la Escritura;
invita dulcemente el mentiroso,
obras del cielo son las que susurra.
"Si eres hijo de Dios, aquí se vea,
llámale al pan y el pan viene en tu ayuda,
¬dile al reino y poder, dile a la fama
que son vasallos de la fama tuya.
Tuya y mía la fuerza por mitades,
en juego de reveses y fortuna;
mas cede al fin y adora, que eres hombre
y mi dominio está en la creatura".
(Oh Dios humano, calle toda lengua,
al verte descender desde la altura,
y bajar por amor de quien buscabas
a ser tentado por la bestia impura!
(Oh Jesús Vencedor, que nos enseñas
el desierto, el combate con la escucha,
libres de engaño de la fiera inmunda!
nútrenos de tu boca y de tu Espíritu,
Te adoramos, postrados y amorosos,
Cristo que llevas nuestra vestidura;
junto a ti, con los ángeles unidos,
cantamos la victoria que perdura. Amén
El hondo corazón, hondo desierto,
te siente transitar, Jesús amable;
has puesto tu morada allí, Señor,
donde tú mismo hallabas a tu Padre.
Asciende de tu pecho el santo ayuno,
gustando de otro pan que Dios reparte;
se escucha dentro, a solas, un coloquio
que vives en secreto invulnerable.
Prolongas tus vigilias luminosas,
mirando la Verdad de las verdades;
y el mundo está empezando en ti, Profeta,
el único que sabes el mensaje.
Los hombres, tus hermanos, te rodean,
pecadores, mas sangre de tu sangre;
por nosotros suplicas, Primogénito,
y por nosotros entras en combate.
¡Porque eres Vencedor, a ti la gloria,
oh Valiente en la guerra que deshaces;
porque eres Vencedor, hoy con los ángeles,
te servimos, Humano y Adorable! Amén
Misterio de carne nuestra,
¡misterio!,
palabras de Aquel que sabe
más allá de las palabras,
palabras juntadas todas
en la Palabra encarnada,
¡Palabra!
Está gimiendo en el heno,
¡gimiendo!,
el amoroso Dios nuestro,
que si por fuerza sufriera,
dejara de ser quien es,
Señor de cielos y tierra,
¡Dios nuestros!
Ternura toda del cielo,
¡ternura!,
caricia de amor divino,
ternura de piel humana:
por siempre dios el esposo
de una esposa perdonada,
¡por siempre!
Llegaos, hombres errantes,
¡llegaos!:
un Niño mendigo y rico
trae el abrazo de paz;
al odio le ha dado muerte
con armas de caridad,
¡un Niño!
Francisco lo está adorando,
¡Francisco!;
en Greccio exulta de amor
por el nombre de Jesús,
porque si Dios ha nacido
es segura la salud,
¡en Greccio!
Bendito el Hijo de Dios,
¡bendito!
¡Oh gloria eterna del Padre,
oh regalo del Espíritu,
Jesús de santa María,
gozo del orbe y los siglos!
¡bendito!
Amén.
El Verbo Santo es mecido
en los brazos de una Virgen;
el Creador se hace niño
y al par de nosotros gime.
Oh Salvador encarnado,
que entre los hombres pervives,
quiero adorarte en los hombres
y entre los hombres servirte.
El Verbo Santo ha callado
con mis risas y gemidos
Dios sin saber de nuestros crímenes,
y el corazón de la madre
su amor en silencio dice.
Oh Dios misericordioso,
defensor de los humildes,
enséñanos tu silencio
y tu espera incomprensible.
El Verbo Santo ha llegado
a librar nuestros confines,
y en encerrado en una cuna
el Verbo de Dios es libre.
Oh, rompe las ataduras
de los engaños sutiles;
danos la paz que prometes
tú que la hiciste posible.
Gentes de nuestros dolores
y de sangrientos países,
a Dios venido a la tierra
salgamos a recibirle.
Te cantamos, Santo hermano,
a Ti con rostros felices:
¡Gloria en el seno del Padre
y en los brazos de la Virgen! Amén.
Te diré mi amor, Rey mío,
en la quietud de la tarde,
cuando se cierran los ojos
y los corazones se abren.
Te diré mi amor, Rey mío,
con una mirada suave,
te lo diré contemplando
tu cuerpo que en pajas yace.
Te diré mi amor, Rey mío,
adorándote en la carne,
te lo diré con mis besos,
quizás con gotas de sangre.
Te diré mi amor, Rey mío,
con los hombres y los ángeles,
con el aliento del cielo
que espiran los animales.
Te diré mi amor, Rey mío,
con el amor de tu Madre,
con los labios de tu Esposa
y con la fe de tus mártires.
Te diré mi amor, Rey mío,
¡oh Dios del amor más grande!
¡Bendito en la Trinidad,
que has venido a nuestro Valle! Amén.
Nadie lo puede decir,
y tenemos que decirlo:
Fuera de casa y poblado
en un pesebre ha nacido.
Y era Dios entre nosotros
el Niño que así ha venido.
Nadie lo puede pensar
estando en su sano juicio:
con la sangre de mis venas,
con mis risas y gemidos,
Dios ha querido formar
el corazón de su Hijo.
Nadie lo puede aceptar
si no acepta este prodigio:
que una mujer pobrecilla
en su vientre ha concebido
y sin dejar de ser virgen
la Madre de Dios ha sido.
Nadie se puede atrever
si él no se hubiera atrevido:
con besos de nuestros labios
le damos a Dios cariño;
que primero en nuestra carne
él nos dio su amor divino.
Nadie se puede ausentar
por verse pobre e indigno,
que fueron de los pastores
los primeros villancicos:
(Gloria a Dios en las alturas,
paz al mundo bien querido! Amén.
De Dios nace la Gloria y a Dios vuelve
y en el Hijo nacido está abrasando;
(oh mundo de dolor, bañado en fue¬go,
exulta y goza, limpio de pecado!
Gimes, lloras cual lloran los na¬cidos,
pero en el cielo, ¡oh Niño!, estás reinando,
y sin alzar la mano creadora
por tu poder el orbe va girando.
Dios y el hombre se juntan en tus venas,
un solo corazón y tierno abrazo;
las pajas nos anuncian las espinas,
y la estrella, la luz tras el Calvario.
Esa vida que surge en oleada
desde tus ojos seca nuestro llanto;
los videntes de Dios, a ti inclinados,
a ti, Inmortal amado, te adoramos.
Hoy es fiesta celeste y fiesta nuestra
por el Verbo Emanuel, Dios humanado;
la tierra se ha hecho cielo, Dios la habita
y el cielo se abre al Hijo y los hermanos.
Inunde la alabanza y la alegría
el misterio divino que cantamos:
(oh Cristo todo santo, bien perfecto,
eternamente seas alabado! Amén.
De los collados eternos
llega, radiante, el Esposo;
bello cual rocío, bello,
cual rocío luminoso;
antes del alba engendrado,
hoy muestra su santo rostro.
Ya ha entrado en la casa virgen
el Emanuel silencioso;
la vida le da María
y el resplandor de los ojos;
ya tiene el Esposo nombre
para el amor y el coloquio.
Vedle venido del Padre,
contempladle todo hermoso,
Esposo de pecadores,
hombre sin mancha de lodo,
el Hijo que diviniza
al contacto de su gozo.
Mirad la sala nupcial:
tullidos, ciegos y sordos,
y él entra vivificante
y basta su cuerpo solo;
la criatura es esposa
de Dios en cuerpo amoroso.
¡Honor al Hijo del Rey
con los cánticos sonoros!
¡Oh Cristpo, talle divino
con gemido doloroso,
alegres te bendecimos,
deseado, bello Esposo! Amén.
Brotó de ti la gracia y nuestra vida,
oh Virgen, manantial de toda dicha,
cuando igual que la madre primeriza
fuiste madre con gritos de alegría.
Vinieron a la cuna con espadas,
quisieron al amor matar con armas;
¡Madre, basta de sangre derramada,
muera en Belén el odio y la venganza!
Huyes salvando al Hijo fugitivo
y un pueblo de paganos brinda asilo;
¡míranos juntos, Madre de oprimidos,
somos todos los pobres del exilio!
Mujer de aldea y Madre de los hombres,
mujer de grandes gozos y dolores,
¡cómo esperan de ti los corazones,
porque eres la más pobre de los pobres!
El Rey de paz te acoge, en ti se goza,
y en tu virginidad sella su gloria;
¡cante el mundo y la Iglesia deseosa
al Señor que de gracia te corona! Amén.
Alégrate, Sión entristecida,
que ya se fue la pena, ya no existe;
la vieja historia atrás queda vencida
y se hace carne la promesa firme.
Mendigo del camino, ciego y solo,
confidente de sombras donde vives,
cierra la mano y abre la mirada,
tuyo es el Sol que viene, mira y ríe.
Sordos y mudos, hombres sin palabras,
marginados por fuerza del convite,
escuchad el rumor del que se acerca,
quede suelta al lengua, bendecidle.
Algo pasa en la tierra, que se siente,
el hombre se alboroza en sus raíces.
(Vendrá! (Ya llega intrépido y hermoso
el santo de prodigios invencible!
Éste es el señalado desde antiguo;
ocultaba su faz tras los que gimen,
era su gozo germen de la risa
y su espera anhelo irresistible.
(Bendito el que se acerca, deseado,
cual ninguno fuera en nuestra estirpe;
los ciegos te contemplan, rey Mesías,
y tú, Jesús, gozoso, nos recibes! Amén.
Trae el desierto voces de un profeta
hasta el río fecundo del bautismo:
"(Convertíos; volved de vuestras sendas,
miradlo ya venir, abrid camino!"
No doblegó su voz ante los reyes,
no pactó su mensaje con rabinos:
"(Convertíos, decid vuestros pecados,
se acerca el santo, convertíos!
Cuando venga el Señor la tierra nuestra
se llenará de paz y regocijo;
la gracia del Señor será el consuelo
y el desquite de todo lo sufrido.
Harán paces el lobo y el cordero,
los hombres poderosos con los niños;
se abrazarán las razas y familias,
porque viene a su casa el Compasivo."
Bautista, mensajero del Mesías,
Jerusalén te brinda su recinto,
dile la verdad, grita tu Noticia;
(lo estamos esperando arrepentidos!
(Honor a ti, Jesús, siempre esperado,
y más gozado cuanto más creído;
ven, santo cual el Padre y el Espíritu,
ven por amor desde el hogar divino! Amén.
El Himno es una aclamación, un augurio a Cristo: Vence. Las estrofas no quieren ser otra cosa que una repetición del augurio.
"En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: Yo he vencido al mundo (Jn 16,33). Y los cristianos, en sus inscripciones y en sus palabras, desde el principio hasta hoy han aclamado y seguiremos aclamando a Cristo: ¡Vence!".
* * *
La música es una sencilla melodía orante sin espcial relevancia, sumisa totalmente al texto. Cántese con recogimiento uniendo bien las frases de la estrofa, de modo quecada una de ellas sea como una amplia oración.
La contemplación del Buen Pastor que la Iglesia tiene es mística y pascual. En san Juan el tema no es una parábola, sino una alegoría, alegoría de la vida establecida entre Cristo y su Iglesia.
Y así... la contemplación del Buen Pastor nos introduce en los silenciosos secretos del Señor.
* * *
La música quiere ser de estilo amplio para cantarlo con mucha serenidad y en un ambiente musical lleno. Unir bien los versos unos con otros. A ser posible con acompañamiento pleno.
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Nuestro Pastor se ha alzado de la tumba,
ha empuñado el cayado y se adelanta,
y va por el sendero de la vida,
un rebaño escogido lo acompaña.
No puede el lobo herir de eterna muerte
si el Pastor nos defiende con su vara;
el rebaño, seguro y obediente,
al lado del Pastor tranquilo avanza.
El rayo y la tormenta se disipan
por el sol que alumbró la clara Pas¬cua;
ya no habrá noche ni temor maligno,
sigue el rebaño y canta su alabanza.
El Pastor nos conoce, somos suyos,
por el cuerpo y el alma nos traspasa;
y es su mirada espejo de su Padre,
la verdad y la paz, gozosa calma.
Y a su Pastor conocen las ovejas,
los suaves silbos, las secretas hablas;
igual que el Padre al Hijo bienamado,
el rebaño al Pastor le mira y ama.
¡Oh buen Pastor y guía de la Iglesia,
revestido de luz por la mañana,
bendito tú que muerto por tu grey
hoy te gozas al verla rescatada! Amén.
Dormido..., dormido..., dormido para su Esposa, que nace de su costado. Himno para el Resucitado atrevidamente quisiera recoger la intimidad nupcial.
Ha muerto Jesús, el Rey...; ha muerto de amor, embriagado de un cáliz que ha apurado.
Ha muerto, pero aquella muerte despojadora, durísima y real cual la realidad del pecado, es, desde nuestra insondable fe, como un sueño nupcial. La cruz evoca al jardín del Génesis.
Ese jardín es hoy la Iglesia...
* * *
Cantarlo con acento recogido aunque sin oscurecer la melodía ni la letra. Usar bien los versos de dos en dos y las treas frases musicales. Terminar un poco más fuerte.
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Jesús se quedó dormido,
suave la muerte en sus labios;
la cabeza coronada
rendida sobre el costado,
y abierto el río fecundo
del corazón traspasado.
Dormido en la paz del Padre,
de sus fuerzas despojado;
dormido por aquel cáliz,
droga de amor que ha apurado;
dormido para su Esposa,
nacida de su costado.
Y en la madrugada pura
quien dormía ha despertado.
Fresco de vida infinita
y muerto para el pecado.
Adán empieza a vivir
en cuerpo resucitado.
Lo siente la Iglesia y lo ama,
oye su voz y los pasos;
siente su aliento divino
en el aire perfumado,
y en un abrazo lo tiene
la Esposa al Esposo amado,
¡Salve, Jesús vencedor,
Santo de Dios todo Santo,
gloria y lumbre, mundo y cielo,
misterio manifestado,
Hombre bueno de los hombres,
Dios del hombre enamorado! Amén.
Quisiéramos acercarnos al misterio del Espíritu que nos envuelve, y es la secreta historia del cielo, el Espíritu en la Trinidad desde siempre y para siempre. En la intimidad de Dios es el ardiente beso divino.
* * *
Cantarlo con mucho vigor sin exagerar el ritardando del verso tercero de cada estrofa. Se debe significar la potencia del Espíritu en el actuar del cristiano hoy.
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Secreta historia del cielo,
eco de amor infinito,
Espíritu deseado,
ardiente beso divino.
El día que fue primero
cuando este mundo se hizo,
eras el amor nupcial,
ave que calienta el nido.
El día de la hermosura,
brillando el rostro de Cristo,
fuiste en sus cálidos labios
soplo y perdón desprendidos.
El día de la promesa,
cuando moraban reunidos,
fuiste huracán de la Iglesia,
fuego y unción derretidos.
Espíritu de deleites,
Dios nuestro desconocido,
fuerza y paz, silencio y voz,
Defensor nunca vencido.
Espíritu de carismas,
lluvia de abundantes ríos,
con tu vigor que nos unge,
Dios santo te bendecimos.
Amén. Aleluya.
La tumba abierta dice al universo:
“¡Vive! ¡Gritad, oh fuego, luz y brisa,
corrientes primordiales, firme tierra,
al Nazareno, dueño de la vida!”
La tumba visitada está exultando:
“¡Vive! ¡Gritad, montañas y colinas!
Le disteis vuestra paz, vuestra hermosura,
para estar con el Padre en sus vigilias”.
La tumba perfumada lo proclama:
“¡Vive! ¡Gritad las plantas y semillas:
le disteis la bebida y alimento
y él os lleva en su carne florecida”.
La tumba santa dice a las mujeres:
“¡Vive! ¡Gritad, creyentes matutinas,
la noticia feliz a los que esperan,
y colmad a los hombres de alegría!”.
¡Vive el Señor Jesús, está delante,
está por dentro, está emanando vida!
¡Cante la vida el triunfo del Señor,
su gloria con nosotros compartida! Amén.
Cuando oyeron mis oídos
que vive resucitado,
nací vestido de gloria,
me vi en el mundo adorado
y a mí mismo me llamé
hombre bienaventurado,
mujer en dicha, mujer
de carne de su costado.
Cuando mis ojos me vieron
que era yo en su cuerpo blanco,
aniquilados se fueron
muertos mis muchos pecados,
porque era yo en su latido
yo mismo con él alzado,
y dulcemente perdido
me vi en su cuerpo encontrado.
Cuando mis manos palparon
mi cuerpo divinizado,
dije besando la tierra:
¡Su cuerpo de aquí ha tomado!
¡Oh tierra fructificante,
del Hijo amado es tu parto;
eres tierra de Jesús
por el Espíritu Santo!
Cuando yo supe el secreto,
que estaba en Pascua anunciado,
contemplé a la Trinidad
entre nosotros morando,
y supe que lo que viene
ya es nuestro y ha comenzado.
¡Venid al jardín, amigos,
que Cristo nos ha invitado!
Cantemos a nuestro Padre,
que todo nos lo ha entregado,
alabemos a Jesús,
el fiel, el veraz Hermano;
cantemos al Santo Espíritu,
el don de amor increado.
¡Oh santa Iglesia, cantemos
por Cristo glorificado! Amén.
Vitral en la iglesia del Monasterio Santa María de Guadalupe de Hermanas Clarisas Capuchinas en el Vicariato Apostólico de Aguarico (Francisco de Orellana - Coca / Ecuador)
1. María siempre presente
Virgen Madre peregrina,
contigo llena de Dios,
Dios a sus hijos visita.
2. Contigo va la Escritura,
contigo la Profecía,
la Promesa hecha a los Padres
y el anuncio de Isaías.
3. Eres el Arca sagrada,
donde Dios se aparecía;
llevas el puro maná
y una vara florecida.
4. Las tablas de la Alianza
y el pan de Eucaristía:
transportas toda la gracia
en tu vientre concebida.
5. Llevas la fe de Israel,
y anuncias toda alegría,
aurora del Evangelio,
oh santa virgen María.
6. Visitación de la Iglesia,
María de nuestra dicha,
eres, has sido y serás,
la oportuna Aparecida.
7. De Dios Trino mensajera,
y de amor mensajería,
haznos sentir que has venido
con tu presencia dulcísima.
8. Jesús, Cantar de cantares,
venado que viene y brinca,
tú eres Esposo anhelante,
que trae divina brisa.
9. ¡Gloria a Jesús Encarnado,
y al Padre que nos lo envía,
y al Espíritu, el Esposo,
que en una Virgen se inclina! Amén
Pablo pudo decir: "Bebían de la roca espiritual que les seguía; yla roca era Cristo" (1Cor 10,4). Y nosotros confesamos que la roca abierta de donde brota el agua (Nm 20,13) es el costado del Señor, y de ese río de delicias quisiéramos beber.
* * *
La música quiere tener un carácter recogido para cantar con veneración lo que el texto expresa. Frasear bien, unir toda la estrofa. Sin prisa.
Es la roca manantial
tu pecho, fontana pura,
río del río de Dios,
destilas por la hendidura,
sangre virgen, agua limpia,
dulzura de la dulzura.
Desde esa fontana nace
el cielo, la Pascua tuya;
el cielo es tu cuerpo vivo,
carne y luz de la hermosura,
hogar para siempre estar,
amor que mi fe disfruta.
¡Oh cuál quisiera, paloma,
libre soltarme a la altura,
y por tu peña horadada
hallar la casa segura,
y habitar donde el Amor
fue más fuerte que la tumba!
El gorrión de alegre vuelo
y la golondrina oscura
en nuestros techos hallaron
cálida casa a sus plumas:
así, Señor, tus altares,
tu cuerpo, amorosa cuna.
Fuiste rociado de nardo
antes de la sepultura,
cuerpo adorable -¡Jesús!-,
cuerpo de vida incorrupta,
ara del culto celeste,
ribera de nuestra ruta.
¡Oh cuerpo divino, alzado,
inmortal fruta madura,
seas glorioso y bendito,
radiante de tu blancura,
antes del alba engendrado
y hoy coronado en la lucha! Amén.
Hablamos a Jesús y le decimos, contemplandole en su gloria: "¡Contigo!" Antes que una palabra de adhesión nuestra a él es una soberana confesión de su infinita personalidad: "¡Contigo!" Jesús lleva su secreto consigo, su infinita vida -divino humana- plena y solitaria: ¡Contigo!
La melodía quiere subrayar la expresión "contigo" que se cantará marcando un poco, aunque sin exagerar. Ir cogino vuelo conforme las frases se presentan más abiertas y con más contenido, sin precipitarse.
Contigo tu secreto en este día,
tu origen que se pierde en la albora¬da,
tu paso cuerpo a cuerpo en nuestra tierra,
tu Pascua en el Padre eternizada.
Contigo, el hombre solo y consuma¬do,
que subes con el alma desbordada;
el universo espacio tú circundas
y el tiempo todo en tu persona abar¬cas.
Contigo, luz perenne, que en tu carne
la pena humana llevas traspasada,
y creas del misterio doloroso
eterna paz, amor que nunca acaba.
Contigo tu recuerdo -nuestra vida-,
divina estancia donde Dios descansa,
contigo la honda voz de tus coloquios,
que sólo tú conoces y regalas.
Contigo, oh santa gloria de ti mismo,
Palabra que haces todas las palabras,
gozo del Padre, nube del Espíritu,
alfa y omega, casa de llegada.
Oh Cristo, Dios excelso del secreto,
vive y reina feliz en tu morada,
y contigo en la vida que inauguras
descanse nuestra vida en ti guardada. Amén.
El Calvario y el Santo Sepulcro son el corazón de Jerusalén para el peregrino, presentes en la Basílica del Santo Sepulcro. Dentro de aquella Basílica 4 confesiones cristianas pugnan por Jesús. El peregrino se siente herido, porque todo ello delata un terrible drama, de amor y de desunión.
Himno a ser cantado ligando muy bien las frases y cuidando la expresión. El acompañamiento será suave y ligado.
Jesús, el Señor, el Resucitado, hoy y ayer, es un hombre verdadero, llegado hasta la cima de lo humano. Ecce Hommo! Un hombre verdadero..., o mejor, el único y el ejemplar de todos.
Himno para unos laudes con acentos de Pascua. ¡Felices los que podemos disponer con abundancia del don del agua! No todos los pueden.
El himno quiere alcanzar al Resucitado. Que el despertar sea un despertar pascual, y que el trabajo del día -dolor, gozo, amor, esté todo él penetrado de la presencia fuerte del Señor.
El agua pura, don de la mañana,
da a los ojos el brillo de la vida,
y el alma se despierta cuando escucha
que el ángel dice: «¡Cristo resucita!».
¡Cómo quieren las venas de mi cuer¬po
ser música, ser cuerdas de la lira,
y cantar, salmodiar como los pájaros,
en esta Pascua santa la alegría!
Despierta la ciudad trabajadora,
se llena de motores y de prisas;
aquí nos llega el ruido acelerado
que quiere ser liturgia matutina.
Mirad cuál surge Cristo transparente:
en medio de los hombres se perfila
su cuerpo humano, cuerpo del amigo
deseado, serena compañía.
El que quiera palparlo aquí se acer¬que,
entre con fe en el Hombre que huma¬niza,
derrame su dolor y su quebranto,
dé riendas al amor, su gozo diga.
A ti, Jesús ungido, te ensalzamos,
a ti, nuestro Señor, que depositas
tu santo y bello cuerpo en este mun¬do,
como en el campo se echa la semilla. Amén.
Himno específicamente pascual. Es una glosa meditativa de esa excena tan entrañable de Juan (21, 1-14). Invocamos al Señor de la mañana. El es el amigo. Su mirada penetra el secreto del mar y de las almas. Tres veces le preguntamos al Señor: ¿Tú quién eres? ¡Era el Señor!, y Pedro se arrojó al corazón de Cristo por las aguas.
Ninguno se atrevía a preguntarle:
«¿Tú quién eres, Señor de la mañana,
amigo penetrante que conoces
el secreto del mar y de las almas?
¿Tú quién eres, que aguardas a la orilla
con el fuego y el pan sobre las brasas,
que te acercas y entregas con tus manos
una hogaza de pan y tu confianza?
¿Quién eres que contigo se está a gusto,
y la amistad florece donde pasas?
¿Quién eres que con verte quitas dudas
y al hogar de tu paz nos das entrada?»
Porque creyeron bien que era el Señor
preguntarle su nombre no hizo falta.
¡Era el Señor!, y Pedro se arrojó
al corazón de Cristo por las aguas.
Su bello rostro oculto está en el Padre,
nuestras manos su cuerpo no le palpan;
pero a gritos los sienten nuestras venas:
¡Es el Señor, divina luz del alba!
¡Gloria a ti, que llegaste a la ribera,
a traernos la gracia de tu Pascua!
¡Amor a ti, hermano victorioso,
que nos amas y llenas nuestras barcas! Amén.
La resurrección de Jesús nos dilata el corazón hasta el cielo. Vivencias que el hombre de Pascua no puede contener. Esa explosión quiere saltar en el himno. El gozo de hoy nos lanza hasta al remate: la paz, la corona, las palmas sacudidas, y un aleluya inmenso como el cielo.
La interpretación de carácter festivo. Enérgico, pero sin precipitarse.
Al fin será la paz y la corona,
los vítores, las palmas sacudidas,
y un aleluya inmenso como el cielo
para cantar la gloria del Mesías.
Será el estrecho abrazo de los hombres,
sin muerte, sin pecado, sin envidia;
será el amor perfecto del encuentro,
será como quien llora de alegría.
Porque hoy remonta el vuelo el sepultado
y va por el sendero de la vida
a saciarse de gozo junto al Padre
y a preparar la mesa de familia.
Se fue, pero volvía, se mostraba,
lo abrazaban, hablaba, compartía;
y escondido la Iglesia lo contempla,
lo adora más presente todavía.
Hundimos en sus ojos la mirada,
y ya es nuestra su historia que principia,
nuestros son los laureles de su frente,
aunque un día le dimos las espinas.
Que el tiempo y el espacio limitados
sumisos al Espíritu se rindan,
y dejen paso a Cristo omnipotente,
a quien gozoso el mundo glorifica. Amén.
Podcast Summary
Son muchos los Himnos que el Padre Rufino Mª Grández, sacerdote capuchino, ha compuesto y editado para solemnizar y profundizar en la alabanza divina de la Liturgia de las Horas.
Colocamos en este podcast un grupo de los mismos con su correspondiente música en la mayoría de los casos.
Rufino Maria Grandez Lecumberri nacio en Alfaro (La Rioja, Espana) el 5 de diciembre de 1936. Profeso la vida capuchina el 15 de agosto de 1956 como miembro de la Provincia de Navarra-Cantabria-Aragon, y fue ordenado sacerdote el 2 de abril de 1960 en Pamplona.
Despues de obtener la licencia en Teologia en Friburgo de Suiza (1962) y la licencia en Sagrada Escritura en el Pontificio Instituto BiÂblico (Roma, 1964), paso a la docencia de la Sagrada Escritura, tarea en la que ha transcurrido buena parte de su vida religiosa y sacerdotal.
Ha sido ministro provincial de Capuchinos (1978-1984).
Posteriormente hizo el doctorado en el Studium Biblicum Franciscanum de Jerusalen, donde defendio su tesis doctoral en TeologiÂa Biblica con un trabajo sobre las Tinieblas en la muerte de Jesus: Lc 12, 44-45a (marzo 1987).
Desde 2002 reside en Mexico como miembro de la Viceprovincia de Capuchinos.
Ha escritos diferentes biografias sobre sus hermanos de religion, bastante sobre Himnologia liturgica (Himnos para el Senor, 1982) y pequeñas obras de espiritualidad: He visto al Senor: la experiencia pascual de los cristianos (1992), La hermosa Vigilia de Pascua (1995), Oblacion por la unidad (2001)